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viernes, 6 de agosto de 2010

Juan Machete "Leyendas Venezolanas"


LA LEYENDA DE JUAN MACHETE

Considerada como una de las leyendas más conocidas del llano. Cuenta la vida del hombre que quería ser el más poderoso de la región, su nombre era Juan Francisco Ortiz, amo y señor de las tierras de la Macarena. Este señor hizo un pacto con el diablo en el cual le entregaba su mujer e hijos, a cambio de mucho dinero, ganado y tierras. El diablo le dijo a Juan que agarrara un sapo y una gallina, a los cuales debería coserle los ojos y enterrarlos vivos un Viernes Santo a las doce de la noche, en un lugar apartado, luego debería invocarlo de alma y corazón. Juan cumplió con lo encomendado.

Pasando varios días, el hombre se dio cuenta que los negocios prosperaban. Una madrugada se levantó temprano, y al ensillar su caballo divisó un imponente toro negro, con los cuatro cascos y los dos cachos blancos. Pasó este hecho desapercibido y se fue a trabajar como de costumbre . En la tarde regresó de la faena y observó que el toro todavía se encontraba merodeando la casa. Pensó ¿será de algún vecino?. Al otro día lo despertó el alboroto causado por los animales, se imaginó que la causa podía ser el toro negro. Trató de sacarlo de su territorio, pero esto no fue posible porque ningún rejo aguanto. Cansado y preocupado con el extraño incidente se acostó, pero a las doce de la noche fue despertado por un imponente bramido. Al llegar al potrero se dió cuenta que miles de reces pastaban de un lado a otro. Su riqueza aumentó cada vez más.

Dice la leyenda durante muchos años fue el hombre más rico de la región. Hasta que un día misteriosamente empezó a desaparecer el ganado y a disminuir su fortuna hasta quedar en la miseria. Se dice que Juan Machete después de cumplir su pacto con el diablo, arrepentido enterró la pata que le quedaba y desapareció en las entrañas de la selva. Cuenta la leyenda que en las tierras de la Macarena deambula un hombre vomitando fuego e impidiendo que se desentierre el dinero de Juan Machete

Musica de Venezuela Leyendas Llaneras: Florentino y El Diablo

Musica de Venezuela

Leyendas Llaneras: Florentino y El Diablo




Alberto Arvelo Torrealba nació en Barinas el 3 de septiembre de 1905, en medio de una familia de poetas, su madre Atilia Torrealba de Arvelo era una importante poetiza de esa ciudad llanera y sus tíos paternos Alfredo Arvelo Larriva y Enriqueta Arvelo son ampliamente conocidos en el mundo de la poesía y las letras. Durante el bienio 1964-1965 se le concede el Premio Nacional de Literatura. Luego de una fecunda labor en el campo de la literatura, la pedagogía y la diplomacia Albero Arvelo Torrealba murió en Caracas, el 28 de marzo de 1971.

El escritor Alberto Arvelo Torrealba nos dejó una de las obras más conocidas de la región, Florentino y el diablo. Con esta obra, el llano adquiere su dimensión mítica, apelando a la fórmula llanera del contrapunteo, para proporcionarle al llano un elemento universal, presente en muchas culturas, como lo es un encuentro con el Diablo.

La confrontación entre Florentino, el más famoso de los cantadores llaneros y El Diablo se desarrolla en varias escenas. La primera corresponde al Reto, en ella El Diablo se cruza con Florentino, caballeros ambos, en algún paraje desolado del verano llanero, y lo desafía a un contrapunteo, en lugar y oportunidad allí señalados. La segunda escena nos representa a Florentino cantando en el sitio convenido, a la espera del retador, quien no tarda en presentarse, iniciándose de inmediato el contrapunteo tramado con bandola o arpa, cuatro y maracas, al final del cual, El Diablo derrotado, algunos dicen que por la salida del sol y otros por el conjuro de los santos, desaparece.

La leyenda que recorre los llanos sugiere que luego del encuentro Florentino nunca más volvió a cantar...

Nota: En la columna de la derecha estan los corrios de Florentino y El silbon, que lo disfruten...

domingo, 8 de febrero de 2009

Leyendas Venezolanas: El Reloj de Guigue

En la Plaza Ávila de la población de Güigüe, perteneciente al municipio Carlos Arvelo en el Estado Carabobo se encuentra un antiguo reloj, genuino y auténtico monumento, como los relojes públicos de Caracas, traídos durante los gobiernos del General Antonio Guzmán Blanco y Joaquín Crespo.Este reloj de Güigüe era utilizado para medir el tiempo a las personas que recogían café de la producción sureña de Copetón, Santa Efigenia, Altamira y las Palmas. Muchos lugares aseguran que este reloj fue testigo de las vivencias de Don Antonio Pimentel y el General Juan Vicente Gómez, durante sus estadía en la Hacienda el Trompillo, una de sus tantas propiedades; al morir el General Gómez, el reloj fue trasladado a la plaza Ávila de Güigüe totalmente descompuesto, allí fue reparado y marcaba las horas parroquiales del pueblo; hay quienes dicen que la persona que lo reparó murió a los pocos días, luego un hombre de origen italiano de nombre Salvador Consoli, fue operario de dicho reloj y cuando abandonó este oficio y se marchó para su tierra natal, a los pocos días dejó de existir, después un señor de nombre Andrés Mijares, a quien llamaban “Chipia” murió luego de reparar el reloj. El casó más reciente de los operarios del aparato fue el conocido maestro de esa localidad, Juan Lorenzo, quien se atrevió a poner a funcionar el reloj y al poco tiempo murió en Valencia.Desde entonces se corrió la Leyenda en toda la región central de Venezuela, de que aquel que repare “El Reloj de Güigüe”, que prepare el testamento porque le quedan pocas horas de vida.

martes, 28 de octubre de 2008

Leyendas Venezolanas:

LAS 5 ÁGUILAS BLANCAS

Según la tradición de los Mirripuyes (tribu de los Andes venezolanos), fue Caribay la primera mujer. Era hija hija del ardiente Zuhé (el Sol) y la pálida Chía (la Luna). Era considerada como el genio de los bosques aromáticos. Imitaba el canto de los pájaros y jugaba con las flores y los árboles.Una vez Caribay vio volar por el cielo cinco águilas blancas y se enamoró de sus hermosas plumas. Fue entonces tras ellas, atravesando valles y montañas, siguiendo siempre las sombras que las aves dibujaban en el suelo. Llegó al fin a la cima de un risco desde el cual vio como las águilas se perdían en las alturas. Caribay se entristeció e invocó a Chía y al poco tiempo pudo ver otra vez a las cinco hermosas águilas. Mientras las águilas descendían a las sierras, Caribay cantaba dulcemente. Cada una de estas aves descendieron sobre un risco y se quedaron inmóviles. Caribay quería adornarse con esas plumas tan raras y espléndidas y corrió hacia ellas para arrancarselas, pero un frío glacial entumeció sus manos, las águilas estaban congeladas, convertidas en cinco masas enormes de hielo. Entonces Caribay huyó aterrorizada. Poco después la Luna se oscureció y las cinco águilas despertaron furiosas y sacudieron sus alas y la montaña toda se engalanó con su plumaje blanco.Éste es el origen de las sierras nevadas de Mérida. Las cinco águilas blancas simbolizan los cinco elevados riscos siempre cubiertos de nieve. Las grandes y tempestuosas nevadas son el furiosos despertar de las águilas, y el silbido del viento es el cano triste y dulce de Caribay
Tomado de la Revista Araguaney

miércoles, 15 de octubre de 2008

Leyendas venezolanas: La Sayona y el Silbón

Todos los pueblos y culturas tienen sus cuentos y leyendas de espanto. En Venezuela entre muchas, existen dos particularmente famosas, la leyenda de la Sayona y la del Silbón, de los cuales todos los venezolanos una u otra vez hemos oído hablar, despertando cuando niños nuestra imaginación infantil que en mas de una ocasión perturbo nuestros sueños.
El silbón: es un alma en pena que recorre en la oscuridad los llanos venezolanos con un silbido que estremece al más valiente. Canto, que confunde al quien lo oye, pues cuando se escucha cerca es porque está lejos, y viceversa. La señal confirmatoria de que el espíritu ronda el vecindario es un característico ruido de huesos que chocan unos con otros. Se cree que los lleva en un saco, al hombro. Unos piensan que son los huesos de sus víctimas más recientes; otros, que pertenecen a su propio padre.
La leyenda del silbón cuenta que hubo una vez un joven que descubrió que algo extraño estaba pasando entre su padre y su esposa. Unos dicen que el viejo le pegó a la joven. Otros sostienen que la violó. El joven al increpar al padre sobre el asunto, éste le contesto que su esposa era una “regalada”, fue entonces cuando el joven estalló en furia , y se enfrascó en una pelea a muerte con su padre.
De los dos, el padre llevó la peor parte. El joven le asestó un fuerte golpe en la cabeza con un palo, que lo tumbó en el suelo, donde el hijo se le abalanzó y lo ahorcó.
El abuelo del joven, que escuchó de la pelea, fue en busca de la víctima, a todos los efectos, su hijo. El abuelo juró castigar al joven, su propia carne y sangre, por el horrendo crimen que había cometido. Poco tardó en encontrarlo. Entonces lo amarró y le propinó una andanada de latigazos con un "mandador de pescuezo", típico del llano. "Eso no se le hace a su padre...Maldito eres, pa´ toa´ la vida", le decía. Para completar la sanción, le frotó ají picante en las heridas y echó al perro para que lo persiguiera. Hasta el fin de los tiempos el perro lo persigue mordiendole los talones.

Hay otra versión sobre los orígenes de El Silbón, empieza con que El Silbón era un joven consentido, a quien un día se le antojó comer "asadura" de venado (el hígado, el corazón y el bofe del animal). Para complacerlo, su padre fue de cacería. Pero la jornada estuvo mala. E iba a ponerse peor. Como se tardaba, el joven salió a buscarlo. Cuando lo halló con las manos vacías, decidió matarlo y sacarle la "asadura".
El hijo entregó las entrañas a su madre para que se las cocinara. Como no se ablandaban, la señora sospechó y avisó al abuelo. El látigo, el ají y el perro entran a escena igualmente en esta historia. Son las armas con las que el llanero se defiende de El Silbón, pues huye de ellas como de la peste.
Se cree que le succiona el ombligo a los borrachos. Y que para con los mujeriegos, no tiene piedad: que cuando tropieza con uno, lo vuelve pedacitos y le saca los huesos. Otra tradición señala que El Silbón se presenta en las casas, de noche, a contar los huesos que lleva en el saco. Si nadie lo escucha, alguien de la familia muere al día siguiente.


La sayona: posee en su leyenda los “ingredientes básicos de la historia del Silbón: Sexo matricidio, y anima en pena que ataca especialmente a los descarriados de la vida.
Se trata de la historia de una mujer muy celosa que mató a su marido y a su mamá, pensando que estos tenían un romance. Su madre, en la agonía de la muerte, la maldijo diciéndole: "Sayona serás para siempre y en nombre de Dios, que así sea". Desde ese entonces vaga sin descanso ni paz, persiguiendo a los hombres infieles para conquistarlos y luego matarlos.Entre las muchas historias que se cuentan en los llanos venezolanos se encuentra la siguiente: Una noche un hombre se escapó para encontrarse con su amante, en medio del camino se sorprendió al ver que ella venía a su encuentro, aunque le extrañaba su caminar tambaleante. Corrió detrás de ella, pero al llegar a su casa la mujer siguió de largo. El hombre desconcertado le dijo:Pero bueno, ¿Qué pasa?Cuando volteó, se encontró con una mujer blanca con cara de muerte, dientes afilados como hachas y unas enormes uñas como garras. Salió corriendo hacia su casa y el ánima lo persiguió con los brazos abiertos para estrecharlo.El hombre logró escapar y al llegar a su casa, se encontró con su suegra despierta, quien al verlo tan agitado le preguntó:
Mijo ¿Y a ti qué te pasó?¡Qué buen susto me llevé! Salí un momentico a orinar y me salió esa mujer... ¡Ay mijito, tú como que le estás montando los cuernos a mi hija! Déjese de eso, yo que se lo digo... El hombre asegura que tras esa experiencia no le quedaron ganas de volver a engañar a su mujer.Por lo tanto, es mejor que aquellos hombres que disfrutan engañando a su pareja, se lo piensen bien antes que se le aparezca LA SAYONA.