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viernes, 23 de marzo de 2012

El LIbro del Mes


Publicado el 23 de Mar de 2012 8:44 am |
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Foto: AP Images
(Caracas, 23 de marzo. Noticias24) - El francés Henri Bergson imaginó que en alguna parte de nuestro cerebro hay algo así como una válvula que filtra los recuerdos y nos permite conservar sólo los que valen la pena.
Tal vez por eso borramos de nuestra memoria observaciones inútiles como el grabado de un tenedor o los miles de rostros comunes que vemos en la calle. Pero sentimos culpa por algún pecado de la adolescencia u orgullo por alguna proeza personal.
Lo cierto es que recordar nos hace humanos y nos invita defender las virtudes de nuestra individualidad.
Entre los recuerdos buenos que me marcaron tengo la lectura de “Confieso que he vivido”, quizá porque me permitió acudir a la experiencia vital de un ser humano único como Pablo Neruda y porque en mi mente joven quise de alguna manera imitarlo en su grandeza.
El libro no era mío. En aquella época sólo me pertenecían una Biblia Reina-Valera 1960 y un ejemplar de “Cien años de Soledad” que luego le regalaría a una novia.
Pertenecía a mi compañero de cuarto, el periodista Moisés Estaba. Ni siquiera me lo prestó. Yo lo tomé de entre sus cosas y comencé a leerlo sin poder despegarme aunque él me gritaba “¡No leas mis libros!”.
En aquella época trabajaba en un periódico de Barcelona y tenía la dicha de hablar de literatura e historia con Augusto Hernández Agüero. Recuerdo este diálogo:
-Señor Augusto, el otro día leí que Pablo Neruda vino a Venezuela y que la Seguridad Nacional no lo dejó bajarse del barco en el puerto de Guanta.
-Es verdad.
-Debe haber sido muy bueno conocerlo.
-Ah, yo lo conocí. Me subí en el barco, hablé con él. Le pregunté si quería algo y me dijo que nada. Luego le ofrecí los diarios del país y me dijo que eso sí. Fui se los busqué. Fue agradable.
Aquel fue uno de los momentos elementales de mi vida. El simple relato de mi amigo me hizo sentir grande, inmortal, cercano a la mejor parte haber pisado la tierra de los seres vivos.
El relato de Augusto Hernández vino a complementar lo que había escrito el mismo Neruda en su libro: el poeta desde una ventanilla saludando con su boina a los obreros que se habían acercado al muelle para celebrar su presencia.
Hoy lo conmino a usted, lector, a que consiga ese libro que yo quiero volver a leer; porque resulta un complemento extraordinario para los veinte poemas de amor, para la canción desesperada, para la residencia en la tierra, para los cien sotenos, para la tentativa del hombre infinito y para entender lo que ocultaron las entrañas del siglo XX.
Federico García Lorca, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Mahatma Gandhi, Miguel Otero Silva, Salvador Allende, Gabriela Mistral, Ernesto Guevara, un minero chileno y una amante desesperada son apenas algunos de los personajes de reparto que fluctúan en esta historia verídica y comprobable sobre la vida del poeta más célebre que ha caminado entre los hombres.
Néstor Luis Gonzáleze

domingo, 21 de septiembre de 2008

LIBRO DEL MES RECOMENDADO

VIDA DESPUES DE LA VIDA:
Este libro reabrió en occidente el debate sobre la supervivencia de la conciencia después de la muerte. En este sentido fue todo un hito, y la popularidad de este estudio rebasó todos los límites de lo esperado e imaginado. Hoy, treinta años después de que fuera publicado por primera vez, su actualidad sigue siendo la misma, y la sola mención del título trae al recuerdo de muchas personas toda la apertura que el trabajo de Moody trajo consigo.
Investigado y llevado a cabo durante los mismos años en que la célebre Elisabeth Kübler-Ross empezaba a dar a conocer sus estudios con enfermos terminales, esta primera obra de Moody se elaboró a partir de los relatos de personas que habían tenido experiencias cercanas a la muerte -personas que habían sido sido declaradas clínicamente muertas y que luego habían sido reanimadas. Todas ellas, y de forma independiente, narraban una secuencia que parecía seguir un mismo patrón: audición de un zumbido extraño; visión del propio cuerpo visualizado desde fuera; sensación de encontrarse en un túnel oscuro, al final del cual se percibe una luz; encuentro con familiares o amigos anteriormente fallecidos; un diálogo con un ser luminoso; visión retrospectiva de la propia vida... hasta experimentar el regreso al cuerpo, con un posterior cambio de valores vitales y una nueva percepción del fenómeno de la muerte. Los relatos de estas experiencias, que cubren aproximadamente la mitad del libro, produjo un gran impacto en la sociedad occidental. Aparte de la espectacularidad de algunos de sus pasajes, lo que llamó la atención de los lectores era que el libro de Moody reabría el interés y el debate acerca de los fenómenos extra-corporales que acontecen alrededor de la muerte. En esos momentos, la discusión sobre estas percepciones había desaparecido en el marco cultural occidental, con las Iglesias cada vez más orientadas a lo moral y a lo social, y la praxis científica negándose a dar crédito a las mismas -tachándolas de fenómenos alucinatorios-; la muerte era en realidad un tabú. Pero esta discusión no es ajena a la condición humana: como subraya Ernst Jünger, la palabra humanidad está estrechamente emparentada con el término inhumar -o sea, enterrar-; ya en épocas prehistóricas se erigían túmulos y monumentos funerarios, y el culto a los muertos se encuentra en la base de numerosas culturas.
El este estudio también cuenta con una discusión sobre la 'veracidad' de los relatos de estas experiencias cercanas a la muerte. Se discute una posible interpretación psicológica de la mismas, así como una visión de los cambios fisiológicos que acontecen en el cuerpo en momentos de gran estrés vital, o su posible relación con experiencias inducidas por fármacos; en cada una de estos apartados Moody expone su razones para considerar que el fenómeno no es fácilmente reducible a este tipo de explicaciones o razones, a la vez que relaciona las E.C.M. con antiguas tradiciones religiosas o relatos de místicos de varias culturas, que describieron pasajes similares a las personas que él entrevistó. De todas maneras, el libro se cierra con una declaración de modestia por parte del autor, que viene a decir: «Bueno, yo no soy teólogo; no soy más que un estudioso que ha recopilado narraciones de personas que han estado cercanas a la muerte, y las he expuesto en mi libro de la forma más honesta que he podido. Si bien de este trabajo no pueden extraerse conclusiones determinantes, sí que tiene un interés personal para muchos seres humanos, así como un interés profesional para médicos o sacerdotes.»