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martes, 11 de mayo de 2010

Los Crimenes de Max Haines



El otro doctor Hyde

La herencia del multimillonario coronel Swope se convirtió en objetivo de su sobrino político, Bennett Clarke Hyde.

Mucho antes de principios del siglo pasado, bien por ser un visionario o por tener una suerte ciega, el coronel Thomas H. Swope se las arregló para obtener la mayor parte de la tierra que pronto se convertiría en Kansas City, Missouri. El coronel, soltero, se hizo un hombre bastante adinerado y al mismo tiempo el mejor filántropo de Kansas City.

El hermano del coronel, Logan, murió por causas naturales, dejando tras él una viuda y sus seis hijos. Estos mismos sobrinos se convertirían en los herederos del coronel. La sobrina mayor, Frances, se casó con el eminente doctor Bennett Clarke Hyde, sin prestar atención a las objeciones de la familia Swope. Se cree que la familia no aprobaba al médico porque era un mujeriego.

El doctor Hyde tenía un próspero consultorio y pertenecía a varias sociedades médicas prominentes. Al coronel Swope, quien en ese momento ya había cumplido 80 años, le agradaba Hyde. Y debido al control que Hyde ejercía sobre la familia, no pasó mucho tiempo después de la boda para que el clan Swope aceptara al buen galeno.
En 1909, el coronel Swope vivía en una casa grande, medio derruida, en Independence, Missouri, a unos 16 kilómetros de Kansas City. La cuñada del coronel y todos sus sobrinos y sobrinas vivían con él. También vivía con ellos un administrador y confidente, Moss Hunton, quien durante años fue considerado un miembro más de la familia. Todo el mundo sabía que el señor Hunton estaba incluido, de manera especial, en el testamento del coronel.

En septiembre, Moss Hunton enfermó. Era bastante natural que llamaran al doctor Hyde, quien era miembro de la familia. El médico diagnosticó la enfermedad como una apoplejía y prescribió un procedimiento de desangre que raramente se practicaba en 1909. Moss Hunton tomó su último respiro el 1° de octubre.

El coronel Swope estaba muy dolido por la pérdida de su querido amigo. El anciano caballero estaba tan triste que fue confinado a la cama por su familia. Al día siguiente se llamó a una enfermera para que cuidara del coronel. Se consideró prudente que el doctor Hyde echara un vistazo a su tío.

Ahora nos enfrentamos con la escena bastante melodramática del doctor Hyde yendo a través de la casa para atender al coronel Swope, mientras Hunton reposaba pacíficamente en su ataúd en la habitación de al lado.

Más tarde, la enfermera reveló que mientras el médico estaba ocupado, encontró tiempo para sugerirle a ella que sería muy favorable si mencionaba al anciano que el doctor Hyde sería más que adecuado sucesor para Moss Hunton como administrador del coronel. La enfermera se negó, declarando que era una sugerencia de mal gusto bajo esas circunstancias.

El 3 de octubre, el doctor Hyde dio al coronel Swope una pequeña píldora rosa. En media hora, el coronel se sentía mal, sufriendo un dolor convulsivo y agonizante. Con el concienzudo doctor Hyde a su lado, permanecía bastante alterado hasta que la muerte le liberó de su sufrimiento.

El coronel Swope y Moss Hunton fueron enterrados. A su debido tiempo se leyó el testamento del coronel. Dejó dos millones de dólares, pues había regalado buena parte de su fortuna en los últimos 12 años de su vida. Pero aún así, dos millones no eran una tontería.

El astuto millonario dejó porciones desiguales de su fortuna a su cuñada y a los hijos de ésta, uno de los cuales, debe ser recordado, era la señora Hyde, quien quedó bastante bien parada con los términos del testamento.

El testamento contenía una cláusula sospechosa. Si cualquiera de los herederos moría, su porción debía ser dividida en partes iguales entre todos los que le sobrevivieran. Seguía que si todos murieran excepto uno, ese terminaría con toda la fortuna.

En los meses que siguieron a la doble tragedia en la residencia de los Swope, toda la familia enfermó con tifoides. Todos se recuperaron, excepto un sobrino, Christian Swope. Murió, aunque estaba bajo los cuidados del doctor Hyde. No fue un accidente que el resto de los sobrinos sobrevivieran. Probablemente debían sus vidas a una enfermera que se negó a trabajar durante más tiempo en la casa, pues, como comunicara a la señora Swope: “En este lugar la gente es asesinada”.

La señora Hyde relevó a su marido de sus responsabilidades y nombró al doctor G.T. Twyman como consejero médico de la familia Swope. Después contactó a su abogado, John G. Paxton, quien había sido nombrado administrador de los bienes de los Swope. Paxton procedió a investigar.

Hizo examinar el agua de los Swope por un bacteriólogo, quien descubrió que no estaba infectada con los gérmenes tifoides. Se desenterraron los cuerpos del coronel Swope y Moss Hunton, y se enviaron sus órganos vitales para un examen toxicológico en Chicago. Se descubrió que las vísceras del coronel Swope estaban llenas de estricnina.

Las sospechas cayeron sobre el doctor Hyde. Pero ¿cuál habría podido ser su motivo?
¿Podría ser que el doctor había planeado asesinar a todo el mundo mencionado en el testamento del coronel Swope para que, gradualmente, según morían miembros de la familia, la parte del fallecido se dividiera entre los sobrevivientes? De esta manera, ¿ayudó él a que con el tiempo toda la fortuna terminara en manos de su esposa? Quién sabe, pero el cruel doctor tal vez había planeado deshacerse de su esposa para quedarse personalmente con toda la fortuna de los Swope.

El doctor Hyde fue detenido. Su juicio por asesinato se llevó a cabo el 11 de abril de 1910. El fiscal presentó un testigo, el doctor E.L. Stewart, quien aseguró que el doctor Hyde había recibido gérmenes de tifoide poco tiempo antes de la epidemia que se desató en el hogar de los Swope. Un farmacéutico, Hugo Brecklein, testificó que Hyde le había comprado cultivos en los que hacía crecer gérmenes, y que también había comprado cianuro en su tienda.

Más evidencia incriminatoria salió a la superficie. El doctor Stewart, tras entregar los gérmenes tifoides a Hyde, se alarmó al escuchar los rumores que tenían que ver con la muerte de Swope. Se apresuró a la oficina de Hyde. Descubrió que el doctor había salido y tuvo la oportunidad de registrar la oficina. Se quedó petrificado al descubrir que parte de los gérmenes tifoideos habían desaparecido.

El juicio duró un mes. El jurado deliberó durante 60 horas. El doctor Hyde fue declarado culpable de asesinato en primer grado y sentenciado a cadena perpetua. Sus abogados apelaron el veredicto y se le concedió un nuevo juicio, un año más tarde, en la Corte Suprema de Missouri, basado en el hecho de que la evidencia presentada por la administración real del veneno era muy débil. El segundo juicio de Hyde terminó siendo nulo cuando uno de los miembros del jurado desapareció. Más tarde se reveló que el jurado se había vuelto loco. Un tercer juicio resultó en un jurado que no llegó a un veredicto común.

En enero de 1917, siete años más tarde de que el viejo Coronel Swope muriera, el doctor Hyde se enfrentó a sus acusadores por cuarta vez. Sus abogados procedieron a que se anularan los cargos por asesinato alegando que su cliente ya había sido sometido a juicio por el mismo cargo en tres ocasiones previas. El juez estuvo de acuerdo y dejó libre al acusado.

El doctor Hyde se convirtió en un hombre libre, teniendo la distinción de haber sido juzgado por asesinato cuatro veces y de haber quedado libre sin ni siquiera haber sido absuelto. l

Ilustraciones: David Márquez
Tomado de la Revista Estampas del Universal

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