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lunes, 4 de julio de 2016

Calzoncillos y pantaletas

septiembre 13, 2007


La pantaleta y el calzoncillo preocupaban mucho a Manuel Antonio Carreño, en su “Compendio del Manual de Urbanidad y Buenas Maneras arreglado por él mismo para el uso de las escuelas de ambos sexos”.
“Esta edición, de 1920, contiene muchas reglas importantísimas de urbanidad, que no figuran en las ediciones hechas en París. Se han señalado con un asterisco (*) para facilitar la labor del profesor. Resulta pues que este Compendio de Urbanidad es el más completo de los publicados”.
Las normas de Carreño gobernaron a los venezolanos decentes por casi un siglo. Cuando alguien hacía “la bruta figura”: se moría un vecino y usted a la semana tenía una fiesta en su casa, la gente decía: “ese no conoce a Carreño”; lo mismo como cuando un tipo “se chupaba” la sopa, o cuando un mozo de pronto gritaba: “Aquí viene Pescuezo e’ chivo”. Para Carreño nadie podía ser llamado en público por su apodo.
El educador advertía que “es una vulgaridad hablar en sociedad de nuestra familia, de nuestra persona y de nuestras enfermedades”.
Era especial preocupación de aquel maestro “el vestido que debe usarse dentro de la casa. Jamás las damas mayores, y menos aún las niñas, deben abandonar las habitaciones en pantaletas, con el pretexto de que van a buscar cualquier prenda, Imperdonable es cuando un varón sale del baño en calzoncillos o cubriéndose con un paño”.
“Nuestro vestido, cuando estemos en medio de las personas con quienes vivimos, no sólo debe ser tal que nos cubra de una manera honesta, sino que ha de contener las mismas partes de que consta cuando nos presentamos a extraños”.
“Deplorable es también reunirse en la cocina a charlar y aprovechar la tertulia para proceder a cortarse las uñas de los pies”.
“La severidad de esta regla se acentúa cuando permanecemos en el dormitorio, en donde no podemos permitirnos ningún desahogo, como quitarnos los calzoncillos o las pantaletas delante de padres o hermanos. Siempre debemos cubrirnos con honestidad incluso cuando sólo tenemos por testigo a Dios”.
“Al bañarnos en público las damas deben llevar las pantaletas debajo del bañador, y los caballeros, bajo ninguna circunstancia, se deben desprender de los calzoncillos”.
Las normas de Manuel Antonio Carreño eran sagradas en las escuelas.
Las damas en Macuto usaban unas camisas de baño y debajo unas pantaletas largas amarradas en los tobillos con trenzas blancas o azules y las madres recomendaban: “Amárrese bien las pantaletas “mija” porque el mar es muy tremendo y si se le sube el camisón se le puede ver todo. Nunca se olvide de Carreño”.
El Rey de la Urbanidad, quien insistía mucho en la forma de comportarse en la propia casa, decía: “En cuanto a la mujer, quien debe lucir siempre mayor compostura que el hombre, ya se deja ver que su desaliño en la casa dará muy mala idea de su educación”.
“Ningún hombre decente casará con mujer que vaya por la casa de un lado a otro en pantaletas, aunque éstas sean bastante largas para cubrir hasta los tobillos”.
Así son las cosas.

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