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domingo, 12 de octubre de 2008

CRÌMENES MAX HAINES

Récipe para un asesinato
Sólo una cosa se interponía entre el Dr. Paul Vicers y la felicidad: su esposa Max Haines
Habría que decir que el Dr. Paul Vicers, un hombre de honor, integridad, carácter y cultura, no ha debido hacerlo. El buen doctor era un pez gordo del centro médico Newcastle Royal Victoria Infirmary, en la poco asoleada Inglaterra, donde se especializaba en cirugía ortopédica. Paul se alejó del camino recto. Déjenme explicar.Vicers, de 46 años, vivía en aparente armonía con su conservadora esposa, Margaret, en una encantadora casa antigua ubicada en una prestigiosa calle. La recatada y respetuosa pareja se conoció cuando ambos eran estudiantes de la Universidad de Oxford.Es curioso cómo cambian las cosas. Durante sus años universitarios, Margaret era del tipo extrovertido, gregario, pero a medida que Paul escalaba profesionalmente, Margaret asumía una posición secundaria. Algunas mujeres aceptan un papel de subordinación ante sus ilustres maridos. Otras insisten en avanzar en sus propias carreras. Margaret tomó la primera ruta, pero su decisión tuvo un precio. Poco tiempo después que nació su hijo, James, se deprimió, y la depresión le duraría el resto de su vida.En 1976, Paul asistió a una convención médica en Bruselas. Disfrutó el alejamiento de sus deberes habituales en casa. Además, tuvo oportunidad de compartir con figuras prominentes de la medicina.Allí estaba, con su maltratado traje y su reluciente calva, cuando entró al Hotel Trafalgar nada más y nada menos que Pamela Collison. Pam, de 32, procedía de Londres, donde trabajaba como investigadora política para el Ministerio de Salud británico. Aunque el cargo de Pam era de un perfil considerablemente alto, no era su carrera lo que la impulsaba. No, Pam era una mujer al acecho. Estaba buscando a un hombre con dinero y prestigio. El doctor Paul Vicers satisfacía los requisitos perfectamente.Pero había un pequeño nubarrón en el horizonte. Digamos que eran dos. Paul tenía esposa y un hijo adulto allá en Newcastle. Nada de qué preocuparse: Pam cruzaría ese puente cuando llegara a él. Ante todo, había trabajo que hacer.Pam se las ingenió para que la presentaran a Paul. La conversación fue agradable y, sobre todo, sugestiva. “Esto será fácil”, pensó Pam. Un comentario subido de tono, un doble sentido, y antes de poder decir “por qué no”, los dos estaban bebiendo un trago en el lounge del hotel.Paul estaba extasiado. Estaba ante una mujer mucho más inteligente que Margaret, definitivamente más joven y con una figura superior. Había una sutil insinuación de que no se oponía a experimentar placeres sexuales con el doctor, de mayor edad. Las cosas nunca eran así en casa. Margaret era tan formal. Vivir con una mujer que había estado deprimida durante casi 25 años no era nada fácil.Paul y Pam intercambiaron sus números telefónicos. Mientras se incorporaba para despedirse, Pam sintió que el anzuelo había sido mordido firmemente. Ella y Paul se verían de nuevo. Estaba segura de eso.Poco tiempo después, Paul la llamó. Pam se sintió complacida. Él le dijo que asistía a otra convención médica en Londres y que le gustaría llevarla a cenar. Fijaron una cita para encontrarse en el Moulin Rouge, el restaurante más caro en que Pam pudo pensar en ese momento.La cena fue todo un éxito, con la suficiente tensión para suscitar necesidades sexuales que el doctor no había experimentado en años. Ella también se sentía emocionada por la forma en que se desarrollaban las cosas.Estaba decidida a jugar muy bien sus cartas. No iba a saltar a la cama con él esa primera noche. Al final de la cena, Paul le sugirió que lo visitará en su hotel. Pam fingió no escuchar la invitación. La cita concluyó con un gentil y respetuoso beso en la mejilla.Por supuesto, Paul la volvió a llamar. Pam no estaba tan conversadora en su segunda cita. Pero ahora sí se fue a la cama con él. En semanas, Paul había rentado un apartamento de soltero. Dos o tres días a la semana, Pam jugaba a “papá y mamá” con el renombrado cirujano.Por su naturaleza, el médico no intentó ocultar su nuevo amor. A medida que los meses se convertían en años, sus colegas se acostumbraron a ver a Pam Collison tomada del brazo del Dr. Paul Vicers. Él la presentaba como una investigadora médica, lo cual no engañaba a nadie ni por un momento.Alrededor del tercer año de su romance, Pam sugería el matrimonio cada vez con mayor frecuencia. Paul pensó en el divorcio, pero la tensión y el escándalo del asunto era demasiado para él. Debía haber otra forma, algo más simple para resolver este molesto problema.¿Qué hacer? Margaret estaba deprimida todo el tiempo. Siempre se quejaba de dolores de cabeza. Las relaciones sexuales habían cesado mucho antes. La mujer ya no inspiraba nada. Paul llegó a una solución ilógica: se quedaría con su amante y mataría a su esposa. Sería fácil.Margaret siempre pedía medicamentos para su depresión. Paul tenía justamente el ticket. Le inyectó a su esposa la droga CCNU. En unos pocos días, Margaret se sintió como una mujer nueva. Cuando los efectos de la droga desaparecieron, Margaret imploró otra inyección y se la dieron. Se sintió mucho mejor. La relación de la pareja se tornó más amistosa, pero eso no estaba en los planes de Paul. Sabía que con el tiempo, las grandes dosis harían efecto.En algunas semanas, Margaret se sintió tan débil que decidió quedarse en cama. Poco después pasaba la mayor parte de su tiempo en cama.No tenía cómo saber que estaba sufriendo de anemia aplásica, una enfermedad similar a la leucemia que había sido provocada por las inyecciones que le dio su esposo.Cuatro semanas más tarde, Margaret fue hospitalizada. Continuamente recibía transfusiones de sangre. En total, le administraron 14 litros de sangre en un intento por salvarla. Paul estaba a su lado, preocupado. Sus colegas médicos preguntaron si Margaret había recibido alguna droga recientemente. Paul les aseguró que no.Es interesante destacar que nadie le hizo esta pregunta a Margaret. Pero claro, su esposo era una eminencia médica. Fue un error que todos, salvo Margaret, vivirían para lamentar.El estado de Margaret se deterioraba. Murió en julio de 1979. Paul estaba libre para continuar su relación con Pam. Los tórtolos se mimaron en el apartamento de soltero durante otros siete meses, hasta que un suspicaz inspector de Scotland Yard se decidió a investigar más detenidamente la muerte de Margaret.El detective encontró copias de récipes para grandes cantidades de CCNU expedidos a nombre de algunos de los amigos de Pam. Se enteró de que ninguna de las personas mencionadas en los récipes había recibido la droga.Tanto Paul como Pam fueron arrestados y acusados de asesinar a Margaret Vicers. Pamela Collison fue absuelta de todos los cargos. No había evidencia de que tuviera conocimiento del diabólico plan de Paul para eliminar a su esposa. Al Dr. Paul Vicers no le fue ni cercanamente tan bien. Lo encontraron culpable de asesinato y lo sentenciaron a cadena perpetua. Además, lo despojaron de todas las licencias que le permitían ejercer la medicina. l
Traducción: José Peralta. Ilustraciones: David Márquez
mailto:davidmarquez@cantv.net
Tomado de la Revista Estampas del Universal

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