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lunes, 3 de noviembre de 2008

CRÍMENES MAX HAINES

Algunas mujeres se sienten atraídas por viles asesinos. Henri Landru, el barba azul francés, quien quemó a sus amantes en la caldera de su casa, recibió más de cien propuestas de matrimonio mientras aguardaba que pusieran su cuello en la máquina infernal del doctor Guillotina.En tiempos modernos, al doctor Sam Sheppard le esperaba un divorcio al salir de la prisión. No todas las mujeres atraídas por prisioneros tienen un romance en mente.Muchas, simplemente, se sienten cautivadas por la emoción de estar cerca de alguien que ha cometido un asesinato. Intentan hacer que su vida detrás de las rejas sea lo más placentera posible.En 1832, cuando Inglaterra no trataba a sus criminales con excesiva amabilidad, un asesino, James Cook, fue objeto de las atenciones de una dama. James era encuadernador en Leicester. Desde todo punto de vista, James era un apuesto joven de 19 años cuando estableció su empresa, y podría haber alcanzado grande cosas si hubiera seguido aplicándose. Pero el trabajo duro y la disciplina lo agotaron.En la época en que tenía unos 22 años, ya estaba descuidando su negocio. A veces cerraba la tienda durante muchos días seguidos. Cuando finalmente trabajaba, por lo general, lo hacía de noche en un desesperado intento de ponerse al día.Naturalmente, su negocio pasaba por tiempos difíciles. Las cuentas se acumularon hasta que surgió la amenaza de la bancarrota. Las cosas llegaron a un punto crítico cuando un proveedor, John Paas, de Londres, informó a James por correo que llegaría en un lapso de una semana para recoger en efectivo las ocho libras esterlinas que le debía.James conocía muy bien a Paas. No pagarle significaría la ruina. Su difícil situación parecía no tener salida. Pensó en huir a Estados Unidos, pero dado que carecía de fondos, el plan no fue más que una idea pasajera.Sin duda, Paas realizaría un largo recorrido para cobrar deudas. James conocía su ruta y supuso que su negocio sería uno de los últimos que visitaría su proveedor.También estaba muy consciente de que Paas insistía en que los pagos se realizaran en efectivo. Supuso correctamente que su némesis cargaría una fuerte suma de dinero cuando entrara en su tienda. Así, llegó a una solución no tan singular para su problema. Mataría a John Paas y quemaría su cuerpo en la caldera. Con el dinero que extraería de la cartera de Paas, huiría a Estados Unidos. Parecía una buena idea y se preparó diligentemente.
John Paas se presentó el 30 de mayo de 1832. El único empleado de James hizo pasar a Paas a la tienda. Entonces lo envió a realizar una diligencia mientras ambos hombres conducían sus negocios. James se acercó sigilosamente por detrás a su víctima, que no sospechaba nada, y con un golpe de una barra de hierro lo dejó más muerto que un cementerio. El joven despojó al cuerpo de algunas joyas, que incluían un reloj de oro relativamente costoso. Luego, cortó el cadáver en partes manipulables y las arrojó al fuego, que ya ardía intensamente en la caldera. No fue una tarea fácil.Trabajó la mayor parte de esa noche antes de salir de la tienda para dormir un poco. Al día siguiente, el fuego seguía ardiendo y Paas se cocinaba.Cuando James dejó la tienda, a varios negociantes de los locales vecinos les preocupó que él incendiara su local y toda la calle. Le dijeron que había un verdadero peligro de un incendio, pero él les aseguró que había recibido un gran pedido y tenía que trabajar sin pausa para entregarlo a tiempo.Los hombres aceptaron eso por un tiempo, pero a la noche siguiente, cuando James dejó su tienda y el fuego aún ardía, el propietario de un negocio adyacente entró por la fuerza y apagó el fuego. Mientras aún estaba en la tienda, encontró grandes pedazos de carne. Sospechando lo peor, se comunicó con el oficial Measures, quien, es lamentable decirlo, estaba poco sobrio cuando realizó la investigación preliminar.Measures inspeccionó el interior de la tienda de James y prestó especial atención a los grandes pedazos de carne. Decidió que un médico debería examinarlos y que James tendría que presentarse a la mañana siguiente para escuchar los resultados del análisis del médico. Para asegurarse de que se presentaría, Measures acompañaría a James a la cárcel.Antes de ser escoltado a la cárcel, James recibió permiso para buscar algo de ropa en la casa de su padre. Mientras el no muy brillante Measures esperaba en la sala, James salió por la puerta de atrás. Llegó hasta Liverpool y casi aborda el barco con destino al Nuevo Mundo cuando fue interceptado por la policía. Confesó haber asesinado a Paas, pero declaró que fue en defensa propia. Aseguró que golpeó a Paas durante una acalorada discusión sobre la deuda que tenía con la víctima. Por temor de que nadie le creería, había quemado el cuerpo.Al igual que la mayoría de los asesinos, James no lucía ni se comportaba como un hombre que hubiera diseccionado a otro ser humano y hubiera quemado metódicamente las partes del cuerpo. Tenía un aspecto agradable y resultaba placentero conversar con él; además, poseía una timidez que le sentaba muy bien.Los detalles de su aborrecible crimen fueron ampliamente divulgados, por lo que llegaron a ser conocidos por Annie Payne, quien era una virgen por mala suerte, una persona resuelta y de inclinación religiosa.Con todos estos atributos, no sorprende que ella estuviera convencida de haber recibido el mandato de un poder superior para transmitirle santidad y todo lo que fuera bueno al asesino James Cook.Payne le escribió a James, pidiéndole que se arrepintiera y que volara directo del cadalso al cielo. James recibió su misiva y vio en la misma muchas posibles ventajas.La invitó a visitarlo a la cárcel. Annie se presentó con una cesta de frutas, una lata de galletas y un montón de biblias. James supo que estaba en algo bueno desde la primera visita. Se propuso que si debía ser colgado, lo haría con estilo.El acusado afirmó ser indiferente a la religión, pero con astucia, se dejó guiar hacia la luz. Unas pocas visitas más de Payne con generosas cantidades de jaleas y pasteles y James se tornó positivamente eclesiástico. Su conversión era asombrosa. Su comportamiento, siempre agradable, pasó a ser prácticamente digno de un Papa.Aunque no compartía la inclinación de Jimmy Swaggart por los moteles, nuestro James se volvió tan adepto a citar las escrituras como el famoso hombre. James tenía una tenue esperanza de que esta tonta mujer pudiera influir en la opinión pública, lo que le permitiría obtener una conmutación de la pena. Sin embargo, ése no sería el caso. La noticia de su increíble conversión nunca llegó al público.Entretanto, Payne y James concluían cada visita con largas sesiones de canto de himnos religiosos, algo que resultaba muy molesto para los carceleros. James interpretó su papel con todo el corazón. Mientras era conducido para enfrentar su juicio, le dijo a sus carceleros, quienes sin duda sintieron pesar de verlo partir a él, que no lamentaran su partida. Si el destino decretaba que él llegaría primero al reino de Dios, los esperaría pacientemente detrás de las puertas del cielo.Payne ya no lo veía como a un asesino, sino más como a un santo. En la corte, James no la decepcionó. Murmuraba sus plegarias, miraba hacia el cielo y actuaba como un sujeto totalmente religioso.Desafortunadamente para James, el juez Parker, probablemente ateo, desechó el volcán de fervor religioso y fue directo al meollo del diabólico asesinato. Describió la muerte en detalle antes de encontrar a James culpable y sentenciarlo a muerte.James Cook vivió mejor que cualquier hombre condenado anteriormente en toda Inglaterra, pero no logró eludir la pena de muerte. Fue ahorcado según lo previsto.Puede agregarse que James fue colgado en Saffron Lane, donde 20.000 mortales celebraron una fiesta durante varios días hasta que el cuerpo fue retirado.
Traducción: José Peralta.
Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net
Tomado de la Revista Estampas del Universal.







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