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jueves, 7 de febrero de 2013

Crimenes mas sonados por Max Haines

El crimen no tan perfecto

El ardid del secuestro quedó frustrado por las cartas y la voz

por MAX HAINES | 
Esta vez sería distinto, pensó Michael Sams cuando planeaba meticulosamente el crimen perfecto

Su intento previo había sido de principiante. El 9 de julio de 1991, sacó de las calles de Leeds, Inglaterra, a Julie Dart, una prostituta a medio tiempo, y la asesinó. Un martillazo en la nuca la dejó inconsciente. La remató estrangulándola con una cuerda. Dos días después de la desaparición de Julie, Michael escribió una carta para la policía donde exigía 140.000 libras por el rescate de la mujer. La policía respondió, pero Michael se zafó del paquete antes de culminar el procedimiento. Pocos días después, el cadáver de Julie fue hallado en un campo.

Michael ahora sentía que había llegado la hora de perpetrar el crimen perfecto. El miércoles 22 de enero de 1992, él tenía una cita con Stephanie Slater, una agente de bienes raíces de 25 años, empleada de Shipways, una gran empresa inmobiliaria. Bajo el pseudónimo de Bob Southwall, llamó para fijar una cita y ver una casa en 153 Turnberry Road, en Birmingham. Esperaba en la puerta cuando Stephanie llegó en su auto Ford Escort, propiedad de la compañía. Ella le mostró la casa a su cliente. Inesperadamente, en un baño de arriba, Michael sacó un cuchillo y un cincel. Ella se abalanzó sobre él y forcejearon. Gritó: "¡No me mates, por favor".

Michael llevó a Stephanie hacia abajo y la metió en un vehículo. Unos 20 minutos más tarde, se detuvieron. Le aseguró que no moriría a menos que causara dificultades. Le informó que la retendría a cambio del pago de un rescate. Y enseguida obtuvo una grabación de Stephanie para sus patronos. La colocó dentro de un sobre, que le hizo cerrar a Stephanie con la lengua.

Luego de conducir durante más de una hora, víctima y victimario llegaron a su destino. Michael colocó a Stephanie en una caja de madera tipo ataúd, donde entró con los pies por delante. Le quitó las esposas para colocar sus manos sobre una barra encima de su cabeza antes de volver a maniatarla. Ella escuchó cómo se alejaba el carro de su captor.
Michael Sams recorrió los dos kilómetros que separaban a su taller en Newark, Nottinghamshire, de su casa en Sutton-on-Trent. Ya estaba en marcha su plan. No solamente se volvería rico, sino que pondría de manifiesto su brillantez como experto criminal. Mucha agua había pasado bajo el puente desde aquel día 15 años atrás, cuando lo apresaron por robo de auto. Tuvo cáncer durante su reclusión. Le amputaron una pierna y la reemplazaron con una prótesis. Ahora todo eso quedaba atrás. Se arrastró hasta la cama con su tercera esposa, Teena.

A la mañana siguiente, Michael tomó su auto y se dirigió al taller. Stephanie se encontraba en condiciones deplorables. Tenía las manos y los brazos lívidos. Tenía laceraciones en las caderas debido al roce contra las paredes de la caja. Cuando le quitaron la mordaza, tuvo dificultades para hablar. Michael le explicó que estaba exigiendo a sus patronos un rescate de 175.000 libras. Una vez que le entregaran el dinero, la dejaría en libertad.

Las cartas que recibió Shipways fueron enviadas a la policía. Por los errores ortográficos, la policía vinculó la muerte de Julie Dart con el secuestro de Stephanie Slater. Se percataron de que estaban lidiando con un loco de atar.

Pasaron cuatro días. Ella hablaba con su captor, al tiempo que se mostraba cooperadora y complaciente. A su vez, él parecía disfrutar de su compañía y estar encariñándose con ella. Curiosamente, en ningún momento tuvo ningún tipo de acercamiento sexual.

Finalmente, llegó la noche para la entrega del dinero. Michael giró instrucciones explícitas al jefe de Stephanie, Kevin Watts, sobre cómo proceder con las 175.000 libras. Debía hacer las veces de mensajero, con la advertencia de que la policía no debía estar presente. La policía grabó esta conversación. Michael le dijo a Stephanie que pronto estaría de vuelta en su casa.

Kevin Watts emprendió su jornada. Recibió las instrucciones escritas en varias cabinas telefónicas. Finalmente, se encontró en una carretera solitaria con órdenes de colocar el dinero en una bandeja sobre el pretil de un puente de piedra.

Watts hizo lo que le ordenaron. Allá en la oscuridad absoluta se encontraba Michael Sams. Atado a la bandeja había un cordel. Tan pronto como el ruido del vehículo de Kevin se desvaneció en la distancia, Michael haló la cuerda, haciendo que el dinero del rescate cayera a sus pies.

Michael regresó a su taller de Newark, donde se encontraba Stephanie. Ella estaba eufórica. Era consciente de que si Michael no regresaba, habría muerto de inanición dentro de la caja.

Michael liberó a Stephanie y la condujo a su casa. Cuando el caso ocupó la primera plana de los periódicos, la primera esposa de Michael informó de inmediato a la policía.

Michael fue arrestado. El jurado lo halló culpable de asesinato, secuestro y privación ilegítima de libertad. Fue sentenciado a tres cadenas perpetuas. Más tarde, en prisión, confesaría el asesinato de Julie Dart.

Traducción: Conchita Delgado. ilustraciones: david marquez. davidmarquez@cantv.net

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